Alteraciones del sistema inmune

Una de las características más importantes del sistema inmunitario es la tolerancia, que es la capacidad de reconocimiento de lo propio frente a lo extraño.

Cuando el sistema inmunitario produce una excesiva o innecesaria respuesta o una respuesta insuficiente, provoca graves enfermedades en el organismo como la autoinmunidad, las inmunodeficiencias, la hipersensibilidad y los rechazos a trasplantes.

Autoinmunidad

La autoinmunidad es un error del sistema inmunológico del cuerpo que reconoce como extraños sus células y tejidos. Es un proceso autodestructivo que causa enfermedades autoinmunes, de desarrollo lento pero progresivo.

Los linfocitos inmaduros pueden responder ante elementos del propio cuerpo, pero son eliminados durante el proceso de maduración en el timo o la médula ósea. Si algunos linfocitos autorreactivos llegan hasta algunos órganos y desencadenan una respuesta inmunitaria se desarrollan procesos de autoinmunidad.

Las enfermedades de autoinmunidad pueden afectar a cualquier órgano, aunque hay órganos que se ven con más frecuencia afectados:

  • La sustancia blanca del cerebro y de la médula espinal, en la esclerosis múltiple, lo que provoca múltiples trastornos nerviosos graves.
  • Los revestimientos de las articulaciones, en la artritis reumatoide.
  • Las células secretoras de insulina del páncreas, en la diabetes mellitus juvenil.
  • Las conexiones entre nervios y músculo en la miastenia grave, que produce una debilidad muscular grave.
  • La glándula tiroides en la enfermedad de Graves que producen un exceso de hormona tiroidea.
  • Los riñones y otros órganos en el lupus eritematoso que produce alteraciones generalizadas con erupciones en la piel.

Hipersensibilidad

La hipersensibilidad es una respuesta inmunitaria específica que se produce de forma excesiva tras una primera exposición y causa inflamaciones y lesiones en los tejidos.

Se han descrito cuatro tipos principales de hipersensibilidad, dependiendo del efecto que se genera, el proceso inmunitario que lo desencadena y el tiempo que tarda en manifestarse.

Hipersensibilidad inmediata o anafiláctica: alergia

La alergia es un mecanismo de hipersensibilidad o respuesta inmune exagerada ante la presencia de antígenos inocuos o poco peligrosos.

Los anticuerpos de tipo IgE se producen rápidamente tras el contacto con el antígeno inocuo, que se denomina alérgeno. Algunos de los alérgenos más comunes son el veneno de las abejas, las proteínas del polen, pelos de animales, heces de ácaros del polvo, fármacos como la penicilina o algunas sustancias presentes en alimentos como mariscos, frutos secos, huevos, etc.

Desarrollo de la reacción alérgica

Fase de sensibilización. Se produce cuando el organismo entra en contacto por primera vez con el alérgeno y ocurre sin síntomas. Las células presentadoras de antígenos (macrófagos, neutrófilos o células dendríticas) captan el alérgeno, lo fagocitan y muestran sus fragmentos en superficie gracias a las proteínas del MHC-II. Los linfocitos T colaboradores (TH) los reconocen y provocan la maduración de los linfocitos B vecinos. Los linfocitos se transforman en células plasmáticas y liberan grandes cantidades de inmunoglobulinas de tipo E. Las IgE se unen y recubren la superficie de los mastocitos de los tejidos y de los basófilos de la sangre.

Fase de activación de los mastocitos. Se produce durante el segundo contacto del alérgeno con el organismo. El alérgeno une a las IgE de mastocitos y basófilos que liberan mediadores químicos como la histamina, la serotonina o las prostaglandinas…

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Fase de alergia. Se produce cuando los mediadores químicos liberados provocan los síntomas de la alergia, que pueden ser: inflamación de párpados, ojos y mucosas; congestión nasal y estornudos; vómitos, náuseas y espasmos abdominales en el tracto gastrointestinal (diarrea); dermatitis… Con la constricción de bronquios y bronquiolos se puede producir desde asma a muerte por asfixia y con un descenso importante de la presión sanguínea muerte por shock anafiláctico.

Hipersensibilidad retardada

La hipersensibilidad retardada es un tipo respuesta inmune que ocurre hasta varias semanas después del contacto con el antígeno.

No intervienen anticuerpos, sino un tipo de linfocitos T que, tras un primer contacto con el alérgeno, liberan sustancias que estimulan la acción de los macrófagos y desencadenan un proceso inflamatorio.

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Un ejemplo de hipersensibilidad retardada es la dermatitis de contacto.

Tratamiento de la hipersensibilidad

Como tratamiento, se usan antihistamínicos que compiten por la histamina con las IgE pero que no causan sus efectos. El asma se trata con bronquiodilatadores, que favorecen la entrada de aire por las vías respiratorias, desapareciendo la sensación de angustia. En los casos graves de shock anafiláctico, la solución consiste en la inyección intravenosa de adrenalina.

También se somete al paciente a procesos de desensibilización: el sistema inmune genera grandes cantidades de IgG que se van uniendo a dosis crecientes de alérgeno, lo que impide que las IgE accedan al alérgeno. Sirve para proporcionar al paciente resistencia frente a ese alérgeno. El problema que se plantea en las alergias es que no siempre puede detectarse el alérgeno.

Rechazos a los trasplantes

Un trasplante es la sustitución de un órgano o parte de él dañado o enfermo por otro que funcione correctamente.

La técnica del trasplante consiste en la extracción de un órgano (o tejido y, en ocasiones, células) de un individuo sano (donante), y su implantación en el cuerpo del mismo o de otro organismo (receptor) en el que no funciona correctamente. Según la relación que existe entre el donante y el receptor, los trasplantes se denominan:

  • Autotrasplante o autoinjerto: proceden de la misma persona que recibe el trasplante.
  • Isotrasplante o isoinjerto: procede de un gemelo univitelino, es decir, con la misma constitución genética que el receptor.
  • Alotrasplante o aloinjerto: procede de otro individuo de la misma especie. Para realizar trasplantes de órganos vitales, es necesario que el donante se encuentre en situación de “muerte cerebral”. Las posibilidades de rechazo aumentan en la medida en que disminuye el parentesco entre el donante y el receptor.
  • Xenotrasplante o xenoinjerto: proceden de individuos de distinta especie. Los tejidos son menos compatibles, por lo que el riesgo de rechazo es mayor. Los xenotrasplantes en humanos suelen tener a cerdos transgénicos como donantes, que expresen en sus células proteínas humanas para minimizar el rechazo.

Clases de rechazo

El mecanismo de rechazo se produce como respuesta del sistema inmune del receptor ante el tejido u órgano del donante con un determinado antígeno de superficie en las células, que sus linfocitos T no reconocen como propias. Esto hace que vayan al órgano trasplantado un gran número de linfocitos citotóxicos y de macrófagos, produciendo la necrosis del tejido u órgano trasplantado.

Por eso el trasplante de córnea no suele producir rechazo, ya que la córnea no tiene circulación linfática ni sanguínea y, por tanto, los linfocitos no acceden fácilmente a ella.

Según el momento en el que se produce el rechazo se distinguen estos tipos:

  • El rechazo agudo ocurre entre 24 y 48 horas después del trasplante, y se debe principalmente a la acción de anticuerpos que se unen a los antígenos de las células extrañas provocando su destrucción.
  • El rechazo tardío o crónico aparece varias semanas o meses después del trasplante. Está causado por el desarrollo de linfocitos T de memoria que, ante la presencia de los antígenos del órgano trasplantado, activan los linfocitos citotóxicos y los macrófagos que van a la zona afectada y actúan contra el órgano trasplantado.

Para minimizar el rechazo hay que:

  • Elegir el donante apropiado: con el máximo grado de histocompatibilidad entre donante y receptor entre su grupo sanguíneo y el complejo mayor de histocompatibilidad.
  • Utilizar inmunosupresores como corticoides y agentes citostáticos como la ciclosporina (antibiótico de origen fúngico que actúa selectivamente contra las células T implicadas en el rechazo mediante el bloqueo de la síntesis de citocinas).

Inmunodeficiencia

Las inmunodeficiencias ocurren cuando las reacciones inmunológicas son insuficientes o inexistentes ante la presencia de antígenos extraños.

Las consecuencias de las inmunodeficiencias son, principalmente:

  • Propensión a padecer múltiples infecciones.
    • Si la inmunodeficiencia afecta sólo al sistema humoral (deficiencias en los linfocitos y anticuerpos), se presentarán infecciones bacterianas en general.
    • Si la inmunodeficiencia es esencialmente celular (deficiencias en los linfocitos T), las infecciones específicas serán las de crecimiento intracelular, es decir, virus y ricketsias. Las ricketsias son bacterias Gram negativas con forma de cocos, pero que, al igual que los virus, son parásitos intracelulares obligados.
  • Aumento de la aparición de tumores ya que están controlados por el sistema inmunológico.

Existen inmunodeficiencias congénitas o primarias y adquiridas o secundarias.

Inmunodeficiencia primaria o congénita

Se produce por una alteración genética en un gen del cromosoma X que X que impide la formación y diferenciación de células inmunocompetentes (linfocitos B, T o ambos), como causa más generalizada.

La inmunodeficiencia más grave de este tipo es la Inmunodeficiencia Severa Combinada (SICS), que padecen los llamados “niños burbuja”. Aparece en la primera infancia y su pronóstico es muy grave, provocando la muerte del enfermo si no se somete a tratamiento. El protocolo que se sigue es el siguiente:

  • Aislamiento total del enfermo en un recinto estéril.
  • Suministrar agentes antimicrobianos con anticuerpos
  • Trasplante de médula ósea roja capaz de formar células inmunocompetentes o terapia génica en células que se reimplantan en la médula roja.

Inmunodeficiencia secundaria o adquirida

Aparece a lo largo de la vida del individuo como consecuencia de infecciones víricas (SIDA), lesiones graves que supongan una pérdida de proteínas, malnutrición, enfermedades que afectan al sistema inmune (leucemia) o derivadas de tratamientos médicos (tratamientos con inmunosupresores para evitar los rechazos de trasplantes, exposición a radiación, etc.).

La más común es la deficiencia inmunológica causada por el virus VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) que infecta a linfocitos T colaboradores (TH) y los destruye. El organismo queda indefenso ante los antígenos y células tumorales, por lo que la persona afectada puede tener importantes infecciones y desarrollar algunos tipos de cánceres.

Infección por VIH

La infección por VIH se desarrolla en dos fases; una primera fase asintomática en la que el virus llega a la sangre y se reparte por todo el cuerpo, y una segunda fase sintomática en la que se manifiestan los efectos de la infección por el virus.

Fase asintomática

El virus VIH se introduce en el sistema sanguíneo de una persona sana procedente de una infectada y entra en contacto con los linfocitos T4 colaboradores (TH). Entonces, la glucoproteína Gp 120 de la cubierta del virus se une a la proteína CD4 de la membrana de los linfocitos o de macrófagos.

Una vez unidas las dos proteínas se produce la fusión de las membranas, introduciéndose la cápsida del virus en el citoplasma del linfocito. El material genético del virus, que es ARN, se transforma en ADN bicatenario por la acción de la transcriptasa inversa del virus. El material genético se integra en el genoma del linfocito T4 formando un provirus y cada vez que el linfocito se divide, se transmite una copia del ADN vírico a cada una de las células hijas.

En el plasma sanguíneo de las personas portadoras hay anticuerpos contra el VIH, son personas seropositivas, y pueden contagiar la enfermedad.

Fase sintomática

El virus se ha ido multiplicando lentamente y los linfocitos no sufren daños inmediatos. Sin embargo, una vez que los virus se activan y liberan por gemación, el linfocito va perdiendo porciones de su membrana hasta que muere. El número de linfocitos T va disminuyendo hasta que no es capaz de generar respuesta inmune. Los linfocitos B sin el estímulo de los T no producen suficientes anticuerpos para contrarrestar al virus, por lo que la respuesta humoral también se ve afectada.

La muerte ocurre por infecciones microbainas “oportunistas” (tuberculosis pulmonar, neumonía, etc.) y la aparición de tumores (el sarcoma de Kaposi afecta a los capilares sanguíneos de la piel).

El tiempo que media entre la infección por el virus y la aparición de los primeros síntomas del sida puede oscilar entre uno y diez años.

Se produce además una multiplicación lenta del virus, que se libera por gemación. Los linfocitos no sufren daños inmediatos, pero sí a largo plazo.

Contagio, diagnóstico y tratamiento del VIH

El virus se puede contagiar:

  • Directamente a través de la sangre: por transfusiones (aunque en la actualidad no hay sangre de personas seropositivas en los bancos de sangre), por medio de jeringuillas o agujas contaminadas o través de heridas.
  • Mediante relaciones sexuales en las que el semen o las secreciones vaginales entran en contacto con la sangre debido a microheridas o erosiones en las mucosas por las que el virus pueda introducirse. Es la vía de contagio más extendida en la actualidad y son grupos de riesgo las personas promiscuas que no usan preservativo.
  • De madre a hijo, generalmente durante la gestación (el virus puede atravesar la placenta) o el parto por lesiones en el canal del parto. La lactancia también es una vía de contagio, por la carga viral de la leche materna.

El diagnóstico se realiza por el método ELISA, que consiste en poner en contacto suero del paciente con antígenos del VIH; así se detectan anticuerpos anti-VIH, lo que implica la presencia de virus en el organismo.

En la actualidad no existe ningún tratamiento que permita destruir y eliminar el virus, pero la combinación de fármacos (retrovirales) ralentizan la progresión del síndrome de diferentes maneras: interfiriendo con la transcripción inversa, inhibiendo las proteasas liberadas que permiten la formación de la cápsida, impidiendo que el ADN vírico se integre en el genoma de los linfocitos T o dificultando la unión del virus a los receptores de los linfocitos. Estos efectos se traducen en una menor carga viral.

La manera más efectiva de controlar la propagación del SIDA son las campañas informativas para evitar las conductas de alto riego que favorecen la transmisión del virus.

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