Inmunidad natural y artificial

La inmunidad es la capacidad de resistencia de un organismo frente a infecciones cuando se expone a agentes infecciosos (virus, bacterias, hongos y parásitos) o a sus productos metabólicos y la capacidad de detección de células extrañas o tumorales.

Dependiendo de los mecanismos que se desencadenan para conseguir la inmunidad, se puede clasificar en inmunidad natural e inmunidad artificial. Además, según si es el organismo el que sintetiza o no sus propios anticuerpos se puede clarificar en inmunidad activa o pasiva.

La inmunidad natural

La inmunidad natural es el conjunto de procesos que previenen de forma natural, habitual y espontánea a un organismo.

Hay dos tipos de inmunidad natural: activa y pasiva

Inmunidad natural activa

Es la inmunidad que adquiere un organismo frente a una enfermedad infecciosa después de haberla padecido. Es consecuencia de los linfocitos de memoria y de los anticuerpos que quedan en el organismo después de la respuesta primaria.

Inmunidad natural pasiva

La inmunidad natural pasiva se adquiere al recibir anticuerpos específicos fabricados por otro organismo, generalmente la madre. La placenta transfiere anticuerpos tipo IgG de la madre al feto. La leche materna transfiere anticuerpos tipo IgG e IgA a los niños lactantes mientras desarrollan sus propios mecanismos inmunológicos.

La inmunidad artificial

La inmunidad artificial está desarrollada por mecanismos no naturales mediante el uso de técnicas médicas. También se puede clasificar como activa o pasiva.

Inmunidad artificial activa: las vacunas

La inmunidad artificial activa se produce por inoculación de una vacuna.

Una vacuna es un preparado con antígenos incapaces de desarrollar una enfermedad, pero que inducen la producción de anticuerpos en el organismo en el que se inocula. Por eso, la inmunidad generada por la vacuna es efectiva en el tiempo, ya que se crea memoria inmunológica.

Tras la vacunación se genera la respuesta primaria donde se crean anticuerpos específicos y clones de células de memoria (linfocitos B y T). Si el antígeno vuelve a presentarse, el organismo está preparado para actuar sobre el patógeno de forma rápida y selectiva, ya que se desencadena una respuesta secundaria, lo que disminuye los efectos de la infección.

En los virus con alta tasa de mutación (gripe, hepatitis C, VIH…) la rápida variación de sus antígenos impide una protección permanente contra ellos. En otros casos la duración de la inmunidad puede ser temporal (es necesario administrar dosis de recuerdo) o permanente, como en el caso de la inmunidad natural activa.

La finalidad de la vacunación es profiláctica, es decir, previene contra enfermedades infecciosas, pero no las cura.

Tipos de vacunas

Las vacunas pueden ser de varios tipos, según el origen y la naturaleza de los antígenos:

  • Vacunas atenuadas: están formadas por microorganismos inocuos obtenidos en el laboratorio a partir de patógenos naturales con el fin de reducir su virulencia. Este tipo de vacunas se utiliza contra el sarampión, la rubeola, las paperas o la poliomielitis, etc. Los patógenos se reproducen en el individuo inoculado de manera muy tenue, causando una infección muy pequeña. El organismo no tiene problemas para desactivar la infección. El riesgo de estas vacunas es que una mutación origine la aparición de un virus infeccioso que provoque la enfermedad.
  • Vacunas inactivadas: están formados por microorganismos muertos (bacterias) o inactivos (virus) obtenidos en el laboratorio exponiendo los patógenos a métodos físicos (luz UV, radiación, cambios de temperatura, etc.) o químicos (formol). Este tipo de vacunas se utiliza contra algunas enfermedades víricas, como la polio o la rabia, y bacterianas, como el cólera, la fiebre tifoidea o la tos ferina. Los patógenos no se reproducen en el individuo inoculado y su acción antigénica es muy baja y hay que administrar dosis adicionales de recuerdo para inducir una memoria inmunológica eficaz.
  • Vacunas acelulares: en lugar de contener microbios, debilitados o muertos, tienen sólo productos o partes de los microorganismos, con los antígenos que más estimulan el sistema inmunitario. Se distinguen:
    • Toxinas bacterianas modificadas químicamente o por efecto de calor que conservan la capacidad de estimular la producción de anticuerpos. Son los llamados toxoides o toxinas inactivas. No se pueden utilizar toxinas activas porque la cantidad de antígeno necesaria para provocar la respuesta inmune es letal. Este tipo de vacunas se utiliza contra el tétanos y la difterua,.
    • Antígenos purificados. Son moléculas aisladas (polisacáridos o péptidos) del agente patógeno, capaces de provocar la respuesta inmune. Este tipo de vacunas se utiliza contra la hepatitis B.

Inmunidad artificial pasiva: los sueros

La inmunidad artificial pasiva se produce por inoculación de un suero.

Un suero es un preparado con anticuerpos específicos para el patógeno que está causando una infección. No depende de la inmunidad del individuo por lo que la inmunidad generada por el suero es rápida y no crea memoria inmunológica (efecto poco duradero).

Actualmente los sueros se extraen de la sangre de otra persona que ha superado la infección y que son hiperinmunes (tienen grandes cantidades de un anticuerpo) y están compuestos únicamente de inmunoglobulinas humanas, evitándose así los procesos alérgicos que se podían producir cuando los sueros eran extraídos de animales.

Se utilizan sueros como tratamiento contra enfermedades que se desarrollan con gran actividad –cólera, rabia, tétanos o difteria- o, en el caso de enfermedades para las que no existe una vacuna eficaz, como en el caso de las hepatitis A y B. Es muy útil en personas con deficiencias en su sistema inmunitario, ya que no es necesario que sinteticen sus propios anticuerpos.

La finalidad de la sueroterapia es terapéutica y no profiláctica, es decir, sirve para curar enfermedades infecciosas, pero no las previene.

Vacunas vs. sueros

Vacunas Sueros
Inmunidad artificial activa Inmunidad artificial pasiva
Requieren varios días para producir resistencia Proporciona una protección inmediata (a las pocas horas de su inyección)
Antígenos Anticuerpos específicos
Memoria inmunológica Sin memoria inmunológica
Duración larga: los linfocitos B de memoria tienen una vida media larga Duración limitada: los anticuerpos administrados desaparecen
Finalidad profiláctica (prevención) Finalidad terapéutica (curativa)

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